Enseñanzas teosóficas

La evolución por las etapas mineral, vegetal, animal y humana (Enseñanzas Teosóficas: 11)

Las etapas mineral, vegetal y animal y el “alma grupal”

  • Mineral: La Vida se hunde más y más en la materia antes de empezar a ascender de nuevo en el proceso de evolución. De hecho, antes de que la Vida alcance la etapa mineral, ha debido pasar por lo menos por tres etapas previas. No obstante, se suele considerar a la etapa mineral como el punto más bajo en el ciclo de involución y evolución. En nuestro horizonte mental, la Vida emerge definidamente en la etapa mineral, que ha sido exhaustivamente estudiada por la ciencia, al menos en lo concerniente a su manifestación en el plano físico.

  • Vegetal: La siguiente etapa en la evolución transcurre en el reino vegetal, donde la respuesta a estímulos externos se vuelve un poco más precisa y la capacidad de sentir sensaciones se desarrolla en mayor grado. Todavía las sensaciones son indefinidas, porque el cuerpo emocional, que es el vehículo para sentirlas, no está aún organizado y apenas es un agregado de materia emocional. Por tanto, no puede decirse que las plantas y los árboles sienten placer o dolor, sino que sus respuestas a los estímulos externos lo aparentan. Y en el mismo reino vegetal existen grandes diferencias respecto a grado de evolución, de modo que los organismos más adelantados tienen una mayor capacidad para sentir sensaciones que los miembros más inferiores del reino animal. Estos reinos de la Naturaleza no están rigurosamente separados entre sí, sino que hay una considerable cantidad de superposiciones. Lo que resulta indudable es que la vida en el reino vegetal está ciertamente mucho más evolucionada que en el reino mineral, pero el hecho de que los organismos vegetales están arraigados a un sitio particular limita la variedad de estímulos que pueden recibir de su ambiente.
  • Animal: Esta limitación desaparece en la etapa que sigue, el reino animal, cuya capacidad para moverse le abre las puertas a una variedad y cantidad de mayores experiencias. Esto acelera muchísimo la evolución de la vida, de ahí que en los animales superiores encontremos desarrollada la capacidad de sentir sensaciones e, incluso, inicios de actividad mental. El cuerpo emocional y el sistema nervioso de los animales están bien organizados y su capacidad de sentir placer o dolor está bastante desarrollada. Los que infligen dolor a los animales deben tomar nota de esto. El sufrimiento que se produce a otros recae sobre su causante tarde o temprano. Y la ley de karma no deja de funcionar en el caso de los ignorantes o de los que tratan de encontrar excusas plausibles a su mal obrar.

”Alma grupal”: En los tres reinos descritos, cada organismo no tiene un “alma” como tal, sino que un grupo de organismos físicos de la misma especie está unido a una “alma grupal”, que se convierte así en la depositaria de todas las experiencias por las que pasan esos organismos, a la vez que les provee la vida que los informa y energiza.

La etapa humana y la formación del cuerpo causal

  1. a) Alma y autoconsciencia

La etapa humana no es sino una continuación de las etapas anteriores. Ahora bien, cuando la vida entra en esta etapa tiene lugar un cambio fundamental: la formación del cuerpo causal, que es el vehículo más externo del alma individual y dentro del cual desciende directamente la vida del Logos. Por medio de este cuerpo comienza esa vida a trabajar de una manera más dinámica.

Esta introducción de un nuevo elemento Divino en el hombre, procedente del propio Logos, elemento que no existe en los minerales, vegetales y animales, da origen a esa facultad peculiar del hombre que se designa en psicología como autoconsciencia, que permite ese desarrollo ilimitado y rápido de la vida Divina que tiene lugar en las etapas humanas y superhumanas. La vida se ha convertido en una unidad individual de consciencia. Y esta consciencia puede seguir ampliándose sin ningún límite.

  1. b) Fases de la etapa humana

Las primeras fases de la etapa humana transcurren en las condiciones salvaje, semicivilizada y civilizada. El ser humano adquiere experiencias de toda clase en circunstancias muy variadas. Sus cuerpos emocional y mental se desarrollan lentamente a través de reencarnaciones bajo condiciones diferentes que él mismo crea con sus pensamientos, deseos y actos: sus sentimientos y emociones desarrollan su cuerpo emocional; y sus pensamientos en términos de imágenes le desarrollan la mente inferior. Los pensamientos que dedica a temas abstractos y cuestiones elevadas desarrollan la mente superior, que opera por medio del cuerpo causal. La gran mayoría de las personas civilizadas ha alcanzado la etapa evolutiva en que su cuerpo emocional está regularmente desarrollado, así como también su cuerpo mental inferior hasta cierto punto. Pero el cuerpo causal únicamente funciona, en el sentido real de la palabra, en el caso de personas que ponen atención en asuntos científicos, filosóficos y espirituales.

Después de que un individuo ha pasado por toda clase de experiencias, vida tras vida, y ha empezado gradualmente a dedicar sus pensamientos a cosas elevadas y a vivir una vida noble e inegoísta, el vehículo siguiente, o sea el del plano Intuicional, comienza a desarrollarse lentamente. Y la iluminación que viene a la mente desde ese plano se muestra como la facultad del Discernimiento (en sánscrito, Viveka). El individuo empieza entonces a apreciar las verdades espirituales y a reconocer intuitivamente su existencia, aunque no tenga prueba alguna de ellas. Sin el desarrollo de esta es la facultad no puede haber progreso alguno en el campo de la espiritualidad. El mero intelecto no sirve en una región que está fuera del alcance de su actividad.

Cuando el vehículo Búddhico o Intuicional está suficientemente desarrollado y comienza a influir de modo definido sobre la mente, nace el divino impulso que anuncia el despertar de la naturaleza espiritual. El individuo comienza a interrogar la vida, a preguntarse acerca de los problemas básicos de la existencia, de los cuales no se daba cuenta mientras estaba espiritualmente dormido. Empieza a buscarle una salida a este mundo de ilusiones y sufrimientos; aspira a vivir una vida superior y siente una afinidad interna con su prójimo, que el hombre ordinario difícilmente puede entender.

Si se escucha este impulso y se le dirige rectamente, el individuo, tarde o temprano, pone sus pies en el sendero que lleva a la perfección, para alcanzar finalmente su meta y pasar más allá del reino humano. Si no lo escucha, si deja que lo apague la mente inferior y que los deseos mundanos lo tuerzan, entonces el individuo tendrá que vagar por muchas vidas, vacilando entre atracciones opuestas: las atracciones de la vida inferior lo tiran hacia abajo; y las aspiraciones a la vida superior lo halan hacia arriba. Pero antes o después, como fruto de las lecciones repetidas que le dan los sufrimientos, frustraciones y desengaños de la vida mundana, el llamado divino se torna irresistible y el ser humano vuelve su espalda a la vida inferior y, con el rostro dirigido hacia lo Divino, empieza a trepar paso a paso hacia la cumbre de la montaña.

El sendero de la perfección

Hemos llegado a la etapa en la que nace el impulso divino dentro de nosotros, lo que nos hace pensar en nuestro verdadero hogar y en cómo regresar a él. Veamos ahora el sendero que falta por recorrer y las etapas que aún quedan por cubrir.

Reflexión profunda: ¿Qué debemos hacer al sentir esos anhelos por la vida superior? Lo primero, pensar a fondo en los problemas fundamentales de la vida y aclarar nuestra mente hasta que se despejen y nos demos cuenta de que la única manera de resolverlos de modo satisfactorio y permanente es ahondando en el sendero que lleva a la perfección y a la Iluminación. Es necesario pasar por este proceso de reflexión profunda porque, en muchos casos, estos impulsos ocasionales que vienen de dentro se disipan porque no tenían otro origen que ciertos desengaños y frustraciones de la vida. En cuyo caso, desaparecen gradualmente tan pronto como las atracciones del mundo arrojan sus velos engañosos sobre la mente y uno vuelve a caer en el olvido de su destino superior. El impulso divino capaz de movernos durante muchas vidas hasta alcanzar nuestra meta ha de ser firme y fuerte y ser fruto de la madurez del alma.

Elección del sendero y el instructor: Supongamos que el impulso que sentimos es verdadero. Entonces, el paso siguiente será considerar cuidadosamente los medios que hemos de adoptar para realizar nuestro propósito. Pues hay en el mundo muchos caminos e instructores y algunos son como callejones sin salida. Para aquellos que han pensado profundamente sobre los problemas de la vida y han entendido el plan de la evolución, el único camino que pueden escoger es el que han recorrido todos los grandes instructores y Rishis del pasado, que conduce a la perfección de la vida humana (Nirvana, Iluminación, o cualquier otro nombre). Y el único Instructor que pueden tener es su Yo Superior viviente en su propio corazón, que los ha traído a su etapa actual y que es capaz de guiarlos sin falla hasta el final.


Fuente: El Conocimiento de Sí Mismo, de I.K. Taimni

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